La valoración económica de los lubricantes de refrigeración se enfrenta a un cambio fundamental. Mientras que en muchas empresas la atención sigue centrada en el precio por kilogramo del lubricante refrigerante, el aumento de los costes de las herramientas está modificando significativamente las prioridades. La verdadera clave para optimizar los costes ya no reside principalmente en el precio de compra de los consumibles, sino en su influencia en la rentabilidad del proceso.
El incremento estructural del coste de las herramientas
Los precios de las herramientas de mecanizado, especialmente las de metal duro, no solo han experimentado una evolución volátil en los últimos años, sino que también muestran una tendencia estructural al alza. Para las empresas del sector, esto supone un aumento constante de los costes, que se repercute en las empresas de mecanizado. El encarecimiento de las herramientas, el aumento de los recargos por materias primas y la sustitución frecuente de herramientas suponen una carga directa para la producción. Con ello crece al mismo tiempo la importancia de todos los factores que prolongan la vida útil de las herramientas y reducen los cambios de herramienta. El lubricante refrigerante, que antes se consideraba un mero consumible, se está convirtiendo cada vez más en una variable estratégica en el proceso de mecanizado.
De factor de coste a palanca de rendimiento
En la práctica, el lubricante refrigerante suele considerarse de forma aislada y evaluarse en función de su precio de compra. Sin embargo, esta perspectiva suele quedarse corta. Lo decisivo no es necesariamente lo que cuesta un lubricante refrigerante, sino la contribución que puede aportar a la reducción de los costes por pieza.
Un lubricante refrigerante bien adaptado puede actuar precisamente en este aspecto. Mediante la optimización específica de sus propiedades de refrigeración y lubricación, influye en los mecanismos centrales de desgaste y contribuye a aumentar la estabilidad y el rendimiento del proceso. El efecto no se refleja necesariamente en el precio por kilogramo, sino en una mayor vida útil, una reducción de las paradas y una mayor seguridad del proceso.
El efecto de un lubricante refrigerante se manifiesta en la interacción con la herramienta, el material y los parámetros del proceso. Una disipación eficiente del calor puede reducir la temperatura en el filo de la herramienta y ralentizar los mecanismos de desgaste provocados por la temperatura. La formación de una película lubricante estable reduce la fricción y la carga mecánica, lo que repercute positivamente en el desgaste. Especialmente en aplicaciones exigentes, una evacuación fiable de las virutas también es decisiva para evitar daños en la herramienta y defectos en la superficie.
Resultados en la práctica
Por lo tanto, a menudo merece la pena mirar más allá de la herramienta y centrarse en la estrategia global del lubricante refrigerante. Quien desee mejorar la rentabilidad de sus procesos de mecanizado debe tener en cuenta el proceso de mecanizado en su conjunto.
En una prueba realizada con un cliente, se demostró que, para el sistema global en cuestión, el cambio de la emulsión actual –con una concentración de hasta el 9,0 %– a un producto Petrofer con una concentración de entre el 6,0 % y el 7,5 % no solo redujo el consumo, sino que, sobre todo, mejoró notablemente la estabilidad del proceso. En la configuración del proceso en cuestión, el producto Petrofer funcionó durante ocho meses sin necesidad de cambiar el fluido, incluso durante paradas prolongadas de la máquina. La vida útil se duplicó con creces. Al mismo tiempo, se pudo prolongar la vida útil crítica de la herramienta de 50 a 60 minutos de tiempo de corte. Un éxito rotundo que se puede cuantificar en los costes por pieza.
Conclusión y perspectivas
Para las empresas de mecanizado, la evolución actual del mercado supone un cambio de mentalidad. El aumento de los costes de las herramientas incrementa la presión sobre los departamentos de compras y producción, al tiempo que crece el valor de las medidas de apoyo a los procesos. La ventaja del lubricante refrigerante radica en su adaptabilidad relativamente rápida y económica, lo que le confiere un nuevo papel: deja de ser un mero insumo para convertirse en una palanca de influencia relevante desde el punto de vista económico que contribuye a reducir los costes totales de fabricación. De este modo, se convierte en un elemento fundamental dentro de una estrategia de optimización integral.